viernes, 12 de octubre de 2018

Lectio: XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B




Espíritu de amor, misterioso artífice del Reino,
guíanos con la fuerza de tus santos dones
para SEGUIR con valentía Señor
 allí donde el quiera llevarnos.


LECTIO

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (7, -11):

            Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables. 
Palabra de Dios


             La Sabiduría no es fruto de una habilidad o adquisición humana, sólo puede ser recibida de lo alto. El texto relee la plegaria del Rey Salomón en Gabaón, donde le pide al Señor un corazón que sea capaz de escuchar. La sabiduría se convierte en el único y mayor bien del hombre.
Para nosotros, la Sabiduría nos revela el verdadero rostro de Jesús de quien habla la Escritura.
Salmo  89,12-13.14-15.16-17
R/. Sácianos de tu misericordia, Señor.
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R/.

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.

LECTIO
Segunda lectura

Lectura de la carta a los hebreos (4, 12-13):

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos, juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.
Palabra de Dios

         En el Nuevo Testamento, la Sabiduría es Palabra de Dios, encarnada por Jesús. Aquí, viene presentada como “viva”, “eficaz”, capaz de vigorizar las opciones de Fe del creyente y que hace felices a sus testigos. La Palabra coincide de hecho, con Dios mismo, a cuyo juicio nadie puede sustraerse; juicio que el Padre he encomendado a Su Hijo; juicio que será a la vez justo y misericordioso para quien tiene Fe.

LECTIO


Lectura del santo Evangelio según san Marcos (10, 17-30):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
          Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
            A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

            Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
            Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

            Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
            Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna».

Palabra del Señor
                        MEDITATIO

           “Uno”, se le presenta a Jesús con una pregunta sensata, en la que oímos el eco de los anawim, es decir, se preguntaba cómo heredar las promesas de Dios, ya que en Él se encuentra la vida eterna y la verdadera felicidad. Pero cuando Jesús le dice que venda todo lo que tiene, se va triste porque no sabe reconocer a Dios como el mayor y único bien, no reconoce el verdadero rostro de la Sabiduría que se le quiere dar, y por eso, se aleja lleno de tristeza. Sólo el seguidor de Cristo, encuentra con Él y en Él, cien veces más aquí en la tierra y heredará la vida eterna.          Todo ser humano, busca la felicidad y se pregunta y busca cómo encontrarla. La palabra de hoy, nos invita a discernir cuál es la verdadera sabiduría donde se encuentra esta felicidad y plenitud que el hombre busca.Es en Jesús donde se nos revela el rostro de la Sabiduría. NO debemos engañarnos por falsas riquezas y otros bienes deslumbrantes que nos llevan a la muerte, ya que sólo seremos felices y encontraremos la paz si seguimos a Jesús con toda su exigencia.


CONTEMPLATIO


El Señor invita a quien se le acerca a seguirle: “si quieres”. Por tanto, el camino de la felicidad nos es dado por Cristo, pero el hombre tiene la libertad de elegir si sigue esta invitación o no lo hace. El joven rico, a pesar de haber buscado y perseguido la perfección, no puede llegar a ella sino como un don que el Señor le ofrece. Sólo de Dios viene la Salvación.


ORATIO


            Soy yo Señor, ese “uno” al que miras con Tus bellos ojos bondadosos llenos de ternura y amor infinito. Soy yo, al que pides un desprendimiento absoluto y de mí mismo en tu seguimiento. No quiero rechazar el don de Tu amor y misericordia, Dios mío. Muchas veces me encuentro triste y cansado, hastiado del todo; ¿no será porque en realidad no te siento como mi verdadera riqueza, paz y felicidad?, ¿qué me impide, mi Señor, seguirte y convertirte en mi única riqueza?, ¿qué cosas son aquellas que llenan mi corazón y no te dejan sitio en él? Cada día sales a mi encuentro para darme una nueva oportunidad de llenarme de Ti y de convertirte en mi único Bien. Dame la sabiduría de dejarme colmar de Ti y seguirte hasta el final.


ACTIO

-¿Cuáles son las riquezas de mi corazón que no dejan cabida al Señor?
-¿Es Dios mi verdadera riqueza?
-¿Quiero seguirle completamente accediendo a todo lo que me pida y estar dispuesto a dejar lo que me aparte de Él?
Vive y repite: “Concédenos, oh Dios, la sabiduría del corazón”. (Sal 89, 12).