sábado, 24 de junio de 2017

Domingo XII T. Ordinario – Ciclo A –


1ª lectura: Libera la vida del pobre de manos de gente perversa

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:
«Oía la acusación de la gente: “Pavor-en-torno, delatadlo, vamos a delatarlo”.
Mis amigos acechaban mí traspié: ”A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”.
Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa».

Salmo: Sal 68, 8-10. 14 y 17. 33-35

R. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí R.

Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mi. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

2ª lectura: No hay proporción entre el delito y el don

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...
Pues, hasta que llegó aunque la Ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir, Sin
embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Evangelio: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por uno céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Meditatio

Celebramos un nuevo Domingo del tiempo Ordinario, volviendo a la lectura continua del Evangelio según San Mateo en este ciclo A. El centro siempre es Cristo, su misterio pascual. Pero nos fijamos en este memorial de sus acciones salvadoras en que es piedra angular sobre la que nos cimentamos, que murió y resucitó para darnos seguridad y confianza. Y le pedimos la fortaleza necesaria para confesar con valentía la fe, en medio de un mundo hostil a la voluntad de Dios.
Repite el Señor en el Evangelio: “No tengáis miedo a los hombres, no tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma”. Así nos anima a confiar en Dios providente y confesarle y no negarle; a ponernos siempre de su parte. Para los primeros cristianos y también para nosotros, Jeremías, que nunca acalló su profetismo a pesar de las persecuciones y tormentos, es el mejor que supo entrever y prefigurar el sufrimiento del Mesías para responder a su misión divina. Reusando morir, el hombre quiso convertirse en Dios, cerrándose a la verdadera vida, que es el amor a Dios. Cristo, en cambio, afrontando la muerte, nos enseñó la vida, que es el amor a su padre. La fe, antítesis del miedo, nos abre a una humanidad renovada, a un universo nuevo.

Contemplatio – Oratio.

Te doy gracias, Oh Dios, 
porque te amo.
Oh, Altísimo, no me desampares, 
pues tu eres mi esperanza:
Libremente he recibido de ti la Gracia, 
y por eso viviré.
Mis perseguidores vendrán 
y no podrán encontrarme:
Una nube de oscuridad caerá sobre sus ojos; 
y una espesa penumbra los oscurecerá,
No tendrán luz para verme, 
y no podrán atraparme...
Han ideado un plan contra mí 
pero se volverá contra ellos,
han concebido un proyecto malvado 
pero no tendrán éxito.
Pues el Señor es mi esperanza,
y no tendré miedo, 
el Señor es mi salvación, 
no temeré.
Él es como una guirnalda (de luz) sobre mi cabeza 
y no temblaré. 
Incluso si todo se sacude a mi alrededor,
yo permaneceré firme;
Y aunque todas las cosas visibles perezcan, 
yo no moriré, porque el Señor está conmigo 
y yo estoy con Él.
Aleluya.

Odas de Salomón
Texto cristiano hebraico de principios del siglo II, N° 5

Actio
“ Lo que habéis recibido al oído, pregonadlo”. Anunciemos con valentía y humildad evangélicas la bondad y providencia de Dios.