sábado, 22 de abril de 2017

DOMINGO II DE PASCUA ciclo A


Invocación inicial
Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, visítanos hoy con tu sabiduría e inteligencia espiritual, ilumina los ojos de nuestro corazón para que podamos comprender el sentido de las Escrituras, el mensaje que Jesús Maestro Verdad nos quiere comunicar en este día.
Haz que la Palabra que escuchamos resuene en nuestro corazón y pase del corazón a la vida. Que no seamos sólo “oyentes” de la buena Noticia, sino que, con tu gracia, la llevemos a la práctica.
¡Ven, Espíritu Santo! Abre nuestra mente, voluntad, corazón y haznos acogida de la Palabra de la Verdad y de la Vida.
1ª lectura: Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.                               
Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Sal 117,2-4.13-15.22-24

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/. 
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R/. 
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.
2ª lectura: Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9

       Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.
Por ellos alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque perecederos, se aquilata a fuego. Merecerá premio, gloria y
honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe : la salvación de vuestras almas.

Evangelio: A los ocho días, llegó Jesús

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31

       Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

MEDITATIO

Celebramos el segundo domingo de Pascua, desde el año 2000 por decreto de S. Juan Pablo II, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. El Evangelio nos da la clave del porqué de esta celebración. Cuando el Señor se aparece a sus discípulos en el cenáculo, le envía y después de infundirles el Espíritu Santo les da el poder de perdonar los pecados en su nombre y así extender su infinita misericordia a toda la humanidad y durante todos los tiempos. En ese cenáculo estamos representados cada uno de nosotros, con la misma actitud de temor que ellos. En la segunda parte del texto podemos situarnos en el día de hoy, primero en el tiempo: a los ocho días, para ellos de la resurrección del Señor, para nosotros de la conmemoración de la misma; luego en la reacción de Tomás al testimonio de los demás: “Hemos visto al Señor”.
   Tomás es la muestra de nuestra incredulidad, de nuestra resistencia a la fe, tantas veces  somos incapaces de ver las obras del Señor en nuestra vida; y el Señor vuelve una vez más a actuar con infinita misericordia, con Tomás y con cada uno de nosotros, no le reprende por su falta de fe, sino que le muestra sus llagas, le invita a tocarlas para que crea. El Evangelio nos termina diciendo que todo está escrito para que nosotros creamos en el Señor Jesús, y para que creyendo, tengamos vida en su nombre. Las lecturas nos hablan de cómo fue la vida de los primeros discípulos de Cristo, todo un análisis de cómo debería ser nuestra vida como cristianos: “Vivian todos unidos, tenían todo en común”. “tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón”. ¿En qué nos parecemos a ellos?.
La carta de San Pedro nos exhorta a la vivencia sobrenatural de nuestra fe, a como la resurrección del Señor cambia el sentido de nuestro sufrimiento acercándonos así a la meta: La salvación de nuestras almas.
CONTEMPLATIO – ORATIO
¿Porqué Tomás buscaba con las manos? Porque buscaba de noche. ¿Qué significa buscar de noche? Que llevaba en su corazón las tinieblas de la infidelidad.
Más esto se hizo no solo por él, sino por aquellos que iban a negar la verdadera carne del Señor. Efectivamente, Cristo podía haber curado la heridas de la carne sin que hubiesen quedado ni las huellas de sus cicatrices, podía haberse visto libre de las señales de los clavos en sus manos y de la llaga de su costado; pero quiso que quedasen en su carne las cicatrices para eliminar de los corazones de los hombres la herida de la incredulidad y que las señales de las heridas curasen las verdaderas heridas.
S. Agustín, sermón 375,c,2

ACTIO
En el Evangelio de hoy se hace constante una nueva bienaventuranza:
“Dichosos los que crean sin haber visto”.
¿Hasta dónde llega mi incredulidad no solo con Dios, sino con los hermanos?
¿Vivo con sencillez de corazón?
¿Recibo con  alegría la Eucaristía? Acudir a ella ¿se ha convertido para mí en pura rutina?.
Repitamos desde nuestro interior varias veces y hagamos nuestra las palabras de Tomás:
“Señor mío y Dios mío”