viernes, 24 de marzo de 2017

DOMINGO IV DE CUARESMA ~ Ciclo A


Oh, Padre, a la luz de tu Palabra,
haz que resplandezca sobre nosotros,
el esplendor de tu gloria,
Cristo, Corazón Misericordioso,
y el don de tu Espíritu Santo
confirme los corazones de tus fieles,
nacidos a la vida nueva en tu Amor.
María, Madre del Verbo,
vela sobre nosotros
para que la alegría que recibimos de la Palabra
llene nuestra existencia, y tu invitación
a hacer lo que el Maestro dice
nos encuentre activos intérpretes
en el anuncio del Reino


LECTIO- LECTURA 
PRIMERA LECTURA

1S 16,1b.6-7.10-13a:
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: -«Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.» Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: -«Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.» Pero el Señor le dijo: -«No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.» Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: -«Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.» Luego preguntó a Jesé: -«¿Se acabaron los muchachos?» Jesé respondió: -«Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.» Samuel dijo: -«Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.» Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: -«Anda, úngelo, porque es éste.» Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

SALMO 22:

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

SEGUNDA LECTURA

Ef 5,8-14: Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.
Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

EVANGELIO según san Juan 9,1–41
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron: -«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: -«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mien­tras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: -«¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: -«El mismo.» Otros decían: -«No es él, pero se le parece.» Él respondía: -«Soy yo.» Y le preguntaban: -«¿Y cómo se te han abierto los ojos?»Él contestó: -«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. » Le preguntaron: -«¿Dónde está él?» Contestó: -«No sé.» Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: -«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: -«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: -«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: -«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: -«Que es un profeta.» Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y le preguntaron: -«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: -«Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.»
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; por­ que los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien re­conociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.» Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. » Contestó él: -«Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.»
Le preguntan de nuevo: -¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: -«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué que­réis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: -«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moi­sés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabe­mos de dónde viene.» Replicó él: -«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»
Le replicaron: -«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lec­ciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: -«¿Crees tú en el hijo del hombre?» El contestó: -«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: -«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: -«Creo, Señor.» Y se postró ante él. Jesús añadió: -«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: -«¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: -«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

MEDITATIO- MEDITACIÓN

  • DIOS ILUMINA TU CORAZÓN POR DENTRO PARA QUE PUEDAS HALLARLO FUERA
  •  
ü  Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón. A la hora de tomar decisiones, ¿me dejo llevar por las apariencias?
ü  ¿Soy rápido para actuar o pido ante a Dios que me dé su Luz para discernir lo que a él le agrada?
ü  ¿Dónde te busco, Señor?
ü   
  • SOMOS LUZ EN EL SEÑOR
  •  
ü  Dios es Luz sin tiniebla alguna, ¿dejo al Señor que me ilumine para descubrir lo que puede alejarme de Él y de los hermanos?
ü  Procuro ser luz para los demás con mi testimonio de vida?
ü   
  • LA MIRADA QUE RECONOCE LOS SIGNOS DE DIOS
  •  
ü  Cuando me veo tentado de emitir algún juicio ante lo que veo, ¿pido a Dios su Mirada para reconocerlo en cada persona y circunstancia?

ORATIO- ORACIÓN

Señor Jesús, haz brillar tu luz en la tiniebla de mi corazón para que pueda reconocerte. Dame tu Gracia que me despierte de mi pereza y dejadez, para poder acoger la Bondad y Belleza de tu Corazón, que quiere sanarme. Señor, aumenta mi fe para que te reconozca en los signos de tu Amor que Tú me muestras cada instante de mi vida. Santa María, ayúdame a caminar tras las huellas de tu Hijo, sin miedo a compartir con los demás las maravillas que recibo de Él cada día. Que mi vida sea, como la tuya, siempre un “Sí” a la Voluntad de Dios que llama a mi puerta para entrar y quedarse para siempre conmigo.

Oración personal en silencio.

ACTIO- ACCIÓN

·         Procurar meditar antes de realizar cualquier acción o dar una palabra.

·         Abrir mi corazón para acoger los signos de Dios y transmitir con mi vida la Luz que de Él recibo.