viernes, 18 de agosto de 2017

Domingo XX Tiempo Ordinario – Ciclo A

Invocación al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros. Amén

 

 

El hilo conductor entre las tres lecturas es la cuestión de la admisión de los extranjeros al pueblo de Dios. El libro de Isaías insiste en que toda persona que se done de corazón a Dios, podrá participar de su alianza y será admitido en la Casa de Oración. Ya no habrá exclusión contra los que se acerquen con corazón limpio, sean de la nación que sean. Sin embargo, esa promesa se fue concretando con altibajos y retrocesos. El pasaje evangélico nos muestra que el mismo Señor Jesús y toda su generación, seguía experimentando dificultades para acoger a sus vecinos de Fenicia. La reflexión decisiva y firme del apóstol san Pablo, abrió de par en par las puertas a los paganos en la Iglesia. El antiguo perseguidor de cristianos redefinió su identidad: ya no era un fariseo liberal, sino un apóstol de Jesucristo al servicio de los paganos, dispuesto a defender ante los espíritus escrupulosos: la libertad del Espíritu y la salvación gratuitamente alcanzada por la fe en Jesucristo.

 

Lectio - Lectura


Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7)
Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.» Palabra de Dios
Salmo
Sal 66,2-3.5.6.8

R/.
 Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben


El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,13-15.29-32)

Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos. Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28)
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» 
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija. Palabra del Señor

Meditatio – Maditación
San Mateo nos presenta en este texto una síntesis de su insistencia en el tema de la salvación universal.
Para él es muy importante destacar la gran estima que Jesús tiene por los pueblos paganos llamados a la fe. Sin embargo la salvación de los “gentiles”, es decir de los que no son del pueblo elegido, debe pasar por el plan de Dios que eligió a Israel para llevar la Buena noticia de Salvación.
Jesús alaba a la mujer por su fe y le dice que por creer, su hija ya está curada del mal que la poseía.
Mateo resalta que la condición para entrar al Reino es una fe auténtica, que no retrocede ante ninguna dificultad. La fe es una confianza ciega en que es posible para Dios, todo lo bueno para el ser humano.
¿Qué le dijeron los discípulos a Jesús? ¿Por qué le dijeron eso?
¿Cuál fue la contestación de Jesús?
¿Qué dijo entonces la mujer ante la contestación de Jesús?
¿Qué dijo Jesús ante las palabras de esta mujer extranjera?

Oratio - Oración
¿Qué le decimos a Dios?
Señor Jesucristo, hijo de David, acoge nuestra súplica. Aunque no venimos de tierras paganas sometidas por el maligno, siempre somos ovejas extraviadas de tu rebaño. En nuestros corazones pende un pasado de idolatría e infidelidad. Ciertamente, no somos dignos de sentarnos a la mesa de los hijos, pero una migaja de tu pan celeste puede redimirnos de nuestras perversiones y proporcionarnos el don de la salvación. Suscita en nosotros una «fe grande», como la de la cananea, de modo que podamos testimoniar entre los hombres los prodigios de tu amor
Contemplatio – Contemplación
Cuanto más la mujer intensifica su súplica, con más fuerza también él se la rechaza. Ya no llama ovejas a los israelitas, sino hijos; a ella, en cambio, sólo le llama cachorrillo. ¿Qué hace entonces la mujer? De las palabras mismas del Señor sabe ella componer su defensa. He ahí por qué difirió Cristo la gracia: él sabía lo que la mujer había de contestar. Así puntualmente con esta cananea. No quería el Señor que quedara oculta virtud tan grande de esta mujer. De modo que sus palabras no procedían del ánimo de insultarla, sino de convidarla, del deseo de descubrir aquel tesoro escondido en su alma. Por eso no le dijo Cristo: «Quede curada tu hija», sino: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!
Actio – Acción
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David» (Mt 15,22).
Orar de tal manera que puedan los demás notar un cambio en mi vida. Y externamente busca a alguna persona amiga o conocida que necesite una palabra de aliento, un gesto oportuno y que le ayudes con tu testimonio a encontrar a Jesús y su fe en Él.